sabato 28 agosto 2010


MÁRTIRES CLARETIANOS

DE TARRAGONA



El grupo de mártires, que denominamos Mártires Claretianos de Tarragona, lo forman 7 Siervos de Dios pertenecientes a las Comunidades claretianas de Tarragona y La Selva del Camp. Federico Vila, Jaime Mir y Antonio Vilamassana, formaban parte de la Comunidad de Tarragona; Sebastián Balsells, Antonio Capdevilla, Pablo Castellà y Andrés Felìu eran miembros de la Comunidad de La Selva.

Su Causa de Beatificación será próximamente estudiada en la Congregación de las Causas de los Santos y es de prever un resultado satisfactorio. Si esto fuera así, los Mártires claretianos de Tarragona serían beatificados juntamente con los Mártires de Sigüenza y Fernancaballero en fecha aún desconocida, pero no lejana. Por este motivo, y para ir familiarizándonos con su figura, presentamos hoy a este grupo de Siervos de Dios fieles al Señor hasta entregar su vida.

Como a todos los hermanos que nos precedieron en la fe dando testimonio heroico de ella, también a los Mártires claretianos de Tarragona les abrimos el corazón con todo el afecto, y con ellos elevamos oraciones de alabanza al Señor.

mercoledì 18 agosto 2010

SEMINARIO MÁRTIR 51 Claretianos de Barbastro


Día 18 de Agosto de 1936


Desde el 20 de julio hasta el 15 de agosto, los estudiantes Jaime Falgarona y Atanasio Vidaurreta, junto con el Hermano Joaquín Muñoz, de 84 años de edad, estuvieron en el Hospital de Barbastro. No compartieron celda con sus compañeros del Salón de los Escolapios, pero sí espíritu de confianza en el Señor y ánimo valiente para entregar la vida, si la situación lo exigía. Y ésta se presentó para Jaime y Anastasio en la madrugada del día 18. El Hno. Muñoz fue recogido en el asilo de Ancianos.
Pensemos que en el mismo camión, de la misma manera, y en el mismo lugar que sus hermanos, estos dos Hijos del Corazón de María elevaron los ojos al alba del nuevo día que se abría teñido en sangre pero alegre en cantos de resurrección. En el cielo, alguien cerraba la cuenta con el nº 51.

Años después de acabada la guerra, uno de aquellos autoexiliados de la República se halla en París y, en declaración jurada, dará testimonio de cuál fue el ánimo con que murieron todos nuestros hermanos de Barbastro:

- Sí, yo los maté a todos. No se escapó ninguno. Pero le digo para su satisfacción que todos los Misioneros fueron muy valientes. Murieron gritando ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva el Corazón de María! Cuando los llevábamos a fusilar, iban tranquilos, contentos, incluso alegres y hasta cantando con entusiasmo durante casi todo el camino. Alguna vez tuvimos que hacer callar a fuerza de culatazos de fusil a alguno que parecía ser como el jefe del grupo. Morían por el ideal en que ellos crreían y del que nadie les pudo hacer desviar. Esta es la verdad.

Los 51 Mártires de Barbastro recibieron un cariñoso reconocimiento de parte de SS Juan Pablo II el día 25 de octubre de 1992, con ocasión de la Beatificación de nuestros Mártires, al proclamarles “Seminario Mártir”

domenica 15 agosto 2010


Hno. Fernando Saperas

Tárrega (Lérida), 13-08-1936

En homenaje al Hno Fdo Saperas repetimos en este post la nota que escribimos en 2009

Al igual que el Seminario claretiano de Barbastro, el de Cervera merece también ser calificado como Seminario Mártir. Fueron 60 los claretianos victimas del odio irracional contra todo lo que sonara a cristiano.

No hay que buscar mucho para encontrar entre estos mártires ejemplos de valiente testimonio de fe, de fidelidad heroica y de generoso amor a la vocación religiosa. Y aunque todos los 60 claretianos son merecedores de nuestro cariño y admiración, fue, tal vez, el Hno Fernando Saperas quien tuvo que soportar la muerte más ignominiosa y cruel.

Perteneciente el Hno Saperas a la Comunidad Seminario de Cervera, fue, sin embargo, en Tárrega donde culminó su sacrificio. “Os dejamos un recuerdo”, dijeron los verdugos a un vecino de esta ciudad.Y en verdad que el martirio de Hno Saperas es digno de recordar.
Fue un acontecimiento en el que se encontraron la imaginación más soéz con la entereza de espíritu más firme y más noble. Arrastrado el Hno de un lugar a otro, sufrió las humillaciones más inimaginables en los prostíbulos de Cervera y Tárrega durante quince eternas horas. A las insinuaciones obscenas de sus verdugos, el Hno Saperas respondía repetidamente de la misma manera: “Matadme, si queréis, pero eso no”.

Un testigo presencial declaró años más tarde:
- "¿Qué hacía aquel religioso? ¡Nada! Siempre con la cabeza baja, avergonzado, y sin decir ni una palabra. Sufría todas estas brutalidades, seguidas de puñetazos para ver si levantaba la cabeza, y ante el Crucifijo que le pusieron a la vista”.

El P. Pedro García, en su libro Crónica Martirial añade: “Alguien, que oyó contar todo a los milicianos, al mismo tiempo que atestiguaba la firmeza indomable del Hermano, dice de él que lloraba. Es el único testigo que me lo cuenta, pero esas lágrimas viriles en medio de una lucha tan gigantesca por la virtud, son el mayor elogio del héroe y la ofrenda más valiosa ante Dios”.

Tárrega conserva con emoción el “recuerdo” del Hno Fernando Saperas. Cada 13 de agosto, en la Parroquia Santa María del l’Alba de Tárrega, con el aliento incansable de quienes por más de 50 años han constituido la Comisión por la Beatificación del Hno. Saperas y el apoyo incondicional del Rector de la Parroquia, se “recuerda” el admirable ejemplo de fe y fidelidad protagonizado por el Hno Fernando Saperas, del que alguien ha dicho que “pocos casos habrá como el suyo en la historia del cristianismo”

venerdì 13 agosto 2010

H A C E 74 A Ñ O S



Los Misioneros Claretianos peregrinamos, al comenzar el tercer milenio, con unos compañeros de excepción: los Mártires Claretianos de Barbastro. Qué emoción puso Juan Pablo II, cuando los beatificó el 25 de octubre de 1992, llamándoles “El Seminario Mártir”. Desde entonces, se han convertido en fuente de espiritualidad juvenil que a tantos llega. Murieron por Jesús, como ellos repetían.

Eran los tiempos turbulentos de la Guerra Civil española, en el verano de 1936. Es difícil explicar tanto odio acumulado, tanta crueldad. Sólo una resaca secular de incomprensiones y sufrimientos puede arrojar alguna luz. Pero, en medio de las sombras, brilla la grandeza de una Iglesia que alumbró tantos mártires: sacerdotes, religiosos y seglares. Entre ellos, aquellos muchachos claretianos de Barbastro, en el norte de España, cerca de los Pirineos. Eran cincuenta y uno; la mayoría, sin alcanzar aún los 25 años. Los hombres de la revolución los sacan violentamente de la casa religiosa y los llevan a la cárcel, en un salón del colegio de los Escolapios.

Allí esperaron la muerte. Nunca una muerte tan presentida, tan aceptada, tan ofrecida a Dios y a los verdugos. Aquella comunidad prisionera estuvo hecha de heroísmo, de dificultades, de ejemplaridad religiosa. Durante el mes de su detención, crearon una mística colectiva. Era una comunidad orante. Recitaban el Oficio Divino de los mártires, el rosario o las oraciones de comunidad. Comulgaban clandestinamente, a veces, ocultas las sagradas formas en el pan del desayuno. Nos legaron escritos conmovedores de aliento y despedida; cualquier madera, y hasta un envoltorio de chocolate, servía para comunicar la tensión religiosa de aquella hora. Muchos textos se conservan en el Museo de los Mártires de Barbastro. Aquella vida sólo era turbada por las voces de quienes les injuriaban o por las prostitutas que intentan provocarlos.

Hasta que se los llevaron al suplicio. Atados por las manos, los subían al camión de la muerte. Ellos iban entonando canciones religiosas. Al fin, a la vera de un camino, en medio de la noche, caían, acribillados por las balas, aquellos cuerpos, iluminados por los faros del vehículo. Mientras, prorrumpían en vivas a Cristo Rey y al Corazón de María, ofreciendo el perdón a sus enemigos. Todavía quedan testigos, pocos ya, que presenciaron la tragedia.

Estas muertes de jóvenes claretianos son un testamento, un testamento espiritual. Su pasión y muerte constituyen un testimonio de lo mejor que atesora el corazón de un cristiano, de un religioso. Allí no cabían las dudas, los miedos, el desaliento. Todo fue radicalidad, grandeza de ánimo, disponibilidad. “Morimos todos contentos sin que nadie sienta desmayos ni pesares”, escribió el líder del grupo, Faustino Pérez. Su sangre fue no para la venganza sino para el perdón.: “A los que vais a ser nuestros verdugos os enviamos nuestros perdón”, escribió otro. Renunciaron a su pasión misionera por la pasión en su martirio: “Ya que no puedo ir a China, como siempre he deseado, ofrezco gustoso mi sangre por aquellas misiones”, dijo el estudiante Rafael Briega. No faltó ni el detalle, tan humano, del recuerdo a su familia, que pronto se enteraría de su muerte violenta: “No lloréis por mí, soy mártir de Jesucristo”, escribía Salvador Pigem, quien rehusó la liberación, por parte de un miliciano, porque no quería separarse de sus hermanos religiosos.

Fue un martirio lento, pero siempre vivido con paz y entusiasmo. Cantando marchaban al suplicio; sobre todo, aquella canción que dice:
“Jesús ya saber soy tu soldado, siempre a tu lado yo he de luchar; contigo siempre y hasta que muera una bandera y un ideal. ¿Y qué ideal? Por ti, Rey mío, la sangre dar”.

mercoledì 11 agosto 2010

Llegando a la Cima





Nuestros hermanos perciben que la cima de su Calvario está muy cerca.
Antes de llegar a la cumbre echan la mirada a lo lejos para hacer, una vez más, un guiño de valentía y de cariño hacia los seres queridos...



En un papel envoltorio del chocolate que les traía el Hermano Vall para el desayuno, hicieron caber todas las firmas que rubricaban un ideal. Escrito por el anverso y el reverso, le dan a la Congregación claretiana el último adios.



“Agosto, 12 de 1936, en Barbastro. Seis de nuestros compañeros son ya Mártires; pronto esperamos serlo nosotros también, pero antes queremos hacer constar que morimos perdonando a los que nos quitan la vida y ofreciéndola por la ordenación cristiana del mundo obrero, por el reinado definitivo de la Iglesia Católica, por nuestra querida Congregación y por nuestras queridas familias. ¡La ofrenda última a la Congregación de sus hijos Mártires!” [Sigue la rúbrica de cada uno]

lunedì 9 agosto 2010


Con el mismo sentimiento de cariñoso recuerdo con que hacemos memoria de los mártires claretianos, queremos hoy ofrecer nuestro homenaje a una Mártir de excepción...


Teresa Benedicta de la Cruz

Edith Stein (1891-1942)

“Síntesis de una verdad plena que trasciende al hombre”

Edith Stein, nacida y formada en la religión judía, enseñó filosofía con brillantez teniendo que afrontar grandes dificultades por su condición de hebrea y de mujer. Convertida al catolicismo, ingresó en las Carmelitas descalzas de Colonia. Huyendo de la persecución nazi se refugió en Holanda, pero fue hecha presa y deportada al campo de concentración de Oswiecim – Auschwitz. Murió en la cámara de gas.

Con ocasión de la beatificación de Edith Stein en Colonia, el 1º de mayo de 1987, el Papa JuanPablo II pronunció estas palabras:

Nos inclimanos profundamente ante el testimonio de la vida y de la muerte de Edith Stein, ilustre hija de Israel y al mismo tiempo hija del Carmelo. Sor Teresa Benedicta de la Cruz, una personalidad que ofrece en su intensa vida una síntesis dramática de nuestro siglo, una síntesis rica en heridas profundas que todavía sangran; y al mismo tiempo, la síntesis de una verdad plena que trasciende al hombre, en un corazón que permaneció largo tiempo inquieto e insatisfecho “hasta que finalmente halló paz en Dios””
“... una hija de Israel, que durante las persecución nazi permaneció unida con fe y amor al Señor Crucificado, Jesucristo, como católica, y a su pueblo como hebrea”.

venerdì 6 agosto 2010


Aceptar la muerte con alegría

¿En dónde está el secreto?


La Iglesia celebra la Fiesta de la Transfiguración del Señor el día 6 de agosto. Justo en el tiempo del gran dolor y de la gran esperanza que vivieron nuestros mártires claretianos. Les quitaron la vida, pero morían contentos.

P. Josep Arner Margalef

Maestro de Novicios en Vic. + 07 Agosto 1936

¿En dónde está el secreto de esa fortaleza sobrehumana?

El Papa Benedicto XVI, en sus catequesis dominicales, comentando la Transfiguración del Señor, nos ofrece una de las claves para descubrir dicho secreto: mirar las cosas del mundo con la perspectiva de Dios

(Angelus, 12 marzo 2006)
Cuando se tiene la gracia de vivir una fuerte experiencia de Dios, es como si se viviera algo semejante a lo que les sucedió a los discípulos durante la Transfiguración: por un momento se gusta anticipadamente algo de lo que constituirá la bienaventuranza del paraíso. En general, se trata de breves experiencias que Dios concede a veces, especialmente con vistas a duras pruebas. Pero a nadie se le concede vivir "en el Tabor" mientras está en esta tierra. En efecto, la existencia humana es un camino de fe y, como tal, transcurre más en la penumbra que a plena luz, con momentos de oscuridad e, incluso, de tinieblas.

(Angelus, 17 febrero 2008)
La Transfiguración es anticipación de la resurrección, pero ésta presupone la muerte. Jesús manifiesta su gloria a los Apóstoles, a fin de que tengan la fuerza para afrontar el escándalo de la cruz y comprendan que es necesario pasar a través de muchas tribulaciones para llegar al reino de Dios.

martedì 3 agosto 2010


Prisioneros en el Colegio de Escolapios

Primeros días de agosto, 1936

La muerte de los tres superiores del colegio permaneció oculta durante varios días a los misioneros encerrados en el Salón de los Escolapios. Todo lo presentían, pero no quisieron creerlo hasta que el Hno Vall, a quien los milicianos concedieron una relativa libertad, y a quien no fusilaron para aprovechar sus oficios de cocinero, se lo confirmó: “Cuando les dije ya, a última hora, que los Padres habían muerto, quedaron tranquilos. Estaban tan resignados a morir que la muerte no les impresionaba”

En qué ocupaban el tiempo y cuáles eran los sentimientos que embargaban su espíritu nos lo cuentan los mismos mártires:






Pasamos el día animándonos para el martirio y rezando por nuestros enemigos y por nuestro querido Instituto...
(Faustino Pérez, 25 años)




Con la más grande alegría del alma escribo a ustedes, pues el Señor sabe que no miento: no me cansaría y (lo digo ante el Cielo y la tierra) les comunico con unas líneas que escribo que el Señor se digna poner en mis manos la palma del martirio; y en ellas envío un ruego por todo testamento que al recibir estas líneas canten al Señor por el don tan grande y señalado como el martirio que el Señor se digna concederme... Yo no cambiaría la cárcel por el don de hacer milagros, ni el martirio por el apostolado, que era la ilusión de mi vida. Voy a ser fusilado por ser religioso y miembro del clero
(Ramón Illa, 22 años)


Nos matan en odio a la Religión. Domine, dimitte illis! En casa no hicimos ninguna resistencia. La conducta en la cárcel, irreprochable. ¡Viva el Corazón Inmaculado de María! Nos fusilan únicamente por ser Religiosos. No ploreu per mi. Sóc màrtir de Jesucrist.
(Salvador Pigem, 23 años)

lunedì 2 agosto 2010

2 Agosto 1936 - Los Superiores de Barbastro


Las estaciones dolor y de gloria de los Mártires Claretianos de Barbastro culminaron en cinco días distintos: 2, 12, 13, 15 y 18 del mes de agosto de 1936:
El 2 de agosto fueron elegidos para ofrecer su vida ante el Señor los tres Padres responsables de la Comunidad: Felipe de Jesús Munárriz, superior; Juan Díaz Nosti, formador de los estudiantes; y Leoncio Pérez, administrador.
En el salón de los Escolapios quedaban los demás, confiados en que el Señor haría de buen Cireneo ayudándoles a llevar la cruz.
De los 51 Mártires sólo 9 sobrepasaban los 25 años; 9 tenían 22 años y 3 habían cumplido sólo 21.
Estaban perseguidos y encarcelados, pero no abatidos. Su grandeza de ánimo se recoge en las siguientes palabras escritas por el P. Pedro García en su Crónica Martirial:
“Con los jóvenes Claretianos de Barbastro, que llenaron de canto y de luz aquellas noches de agosto, Dios nos dice que sí, que el amor entusiasta y apasionado a Jesucristo es lo único por lo que vale la pena gastarse en el mundo hasta dar la vida”