martedì 2 agosto 2011

3 agosto


Con motivo del 75 Aniversario de la muerte de nuestros hermanos Mártires en España, el P. General ha dirigido una carta a todos los Misioneros Claretianos.
En días sucesivos iremos presentando
en este Blog de la Postulación algunos de sus interesantes comentarios.



El testimonio de la fidelidad de nuestros hermanos mártires a los valores que fundaban su vida llega al corazón de cualquier claretiano que visita -los- lugares martiriales y estimula la respuesta vocacional de quien recuerda el gesto generoso de quienes supieron supeditarlo todo a su adhesión a Cristo y a la vocación recibida...

Los mártires constituyen una herencia preciosa de las familias religiosas. Son iconos que nos recuerdan el sentido de nuestras vidas, la razón de nuestra existencia. “Consagrados a Cristo y al servicio de su Reino han dado testimonio de la fidelidad del seguimiento hasta la cruz. Diversas las circunstancias, variadas las situaciones, pero una es la causa del martirio: la fidelidad al Señor y a su Evangelio, porque no es la pena la que hace al mártir, sino la causa” (Caminar desde Cristo, 9).

Estos días estamos recordando el martirio de muchos hermanos nuestros. Se cumplen 75 años de aquellos hechos que llenaron de angustia a toda la Congregación y que dejaron un profundo signo martirial en la historia de nuestro Instituto.

Montcada (Barcelona)

El H. Laureano Muñóz Palomo, entregó su vida al Señor en Montcada (Barcelona) el día 3 de agosto. Pertenecía a la Comunidad de Barcelona.



lunedì 1 agosto 2011

2 de agosto '36


Los Superiores de Barbastro




Los tres Padres responsables del Seminario claretiano de Barbastro: Felipe de Jesús Munárriz, superior; Juan Díaz Nosti, formador de los estudiantes; y Leoncio Pérez, administrador, no fueron llevados al Colegio de los Escolapios con los demás de la Comunidad, sino que los separaron desde un principio trasladándoles desde casa a la cárcel municipal. Era el día 20 de julio.
En una celda cuadrada de cuatro o cinco metros de lado en el tercer piso, sin más respiradero que una ventanuca con doble reja, los tres Padres se encontraron hacinados con un grupo de 20 presos.
Al día siguiente fueron llamados a declarar ante el comité de la vecina Casa Municipal. A la pregunta de rutina: -¿Dónde teníais escondidas las armas?, el P. Pérez saca su rosario y responde: -Éstas son las únicas armas que yo tengo... y no quiero otras.
Tres días más tarde fueron trasladados al convento de las Monjas Capuchinas, en las afueras de la ciudad. Hacinados también, aunque en mejores condiciones que las que tuvieron en la cárcel municipal, tuvieron que alimentarse de la caridad que les ofrecían compañeros generosos. La situación era la de una checa del terror, pero nuestros Padres no perdían el tiempo. Un compañero le preguntó al P. Munárriz por qué rezaba tanto. Èste le responde: -Rezo por esos pobres desgraciados, a ver si Dios los ilumina de una vez.
El día 2 de agosto, a las tres de la mañana, se abrió violentamente la puerta del cuarto que ocupaban.
–Venga, pronto, que corre prisa. El increpado era el Padre Díaz.
-Sí, hombre, ya voy. Pero déjeme poner la sotana.
-Donde va, no la necesitará. ¡Afuera!
Ocho presos salieron de las Capuchinas, de dos en dos. El P. Pérez animaba al sacerdote Don Tomás Ardanuy:  -¡Ánimo, que dentro de poco estaremos en el cielo!
Una vez más en el camposanto se oyeron el grito de ¡Viva Cristo Rey! y los disparos impenitentes. Era el 2 de agosto, primera estación de dolor y de gloria para el grupo del Seminario Claretiano de Barbastro. En el salón de los Escolapios quedaban los demás, confiados en que el Señor haría de buen Cireneo ayudándoles a llevar la cruz.


PUERTOLLANO (Ciudad Real)         

P. Nicanor Bustamante de la Presa

El mismo día 2 de agosto falleció el P. Nicanor Bustamante, que pertenecía a la Comunidad de Aranda de Duero. Al estallar la guerra se encontraba en la localidad de Alange (Badajoz). Se tardó en conocer la suerte que había corrido, hasta que una familia de Puertollano (Ciudad Real) hizo llegar la noticia de que estaba entrerrado en el cementerio de aquella población. En el viaje en tren desde Alange a Puertollano había sido apresado y asesinado.

domenica 31 luglio 2011

1 de agosto



Himno a los

Mártires Claretianos
de Barbastro

75º aniversario





TESTIGOS DE LA IGLESIA, FIEL SEMILLA,
HERALDOS DE LA LLAMA DE CLARET,
FORJADOS EN LA ENTRAÑA DE MARÍA,
LA SANGRE DERRAMASTEIS POR LA FE.

Barbastro fue la fragua siempre en vela
de un sueño misionero en lejanía.
“Estudio y oración” fue vuestra enseña;
pasión de juventud, vuestra alegría.

La voz de Dios, a toque de campana,
os convocó a vivir la profecía.
Tañido de obediencia claretiana,
ofrenda en noble cáliz presentida.

En pública prisión de recias pruebas,
besabais el cordel que a fe sabía;
valientes encontrasteis toda fuerza
en Cristo, manso Pan de Eucaristía.

Rasgaron vuestros “vivas” con su grito
la negra noche en fuego redimida.
Con cantos avanzabais al martirio
y orando perdonasteis sin medida.

Sellasteis con la sangre un testamento:
“Adiós, adiós, Congregación querida…”
Hermanos, hoy cantáis ya desde el cielo
la gloria que anunciara vuestra vida.

                                  Carlos Martínez Oliveras, CMF.

sabato 30 luglio 2011

31 Julio '36


E. Adolfo

de Esteban Rada



Había nacido en en Berbinzana, Navarra, 24 años antes. Acabados los estudios, pero sin ordenarse de sacerdote todavía, comenzó a ejercer de profesor en el Colegio claretiano de Barcelona. Tenía muy buenas cualidades de pedagogo y era un religioso ejemplar. Al dispersarse la Comunidad, se refugió en la familia de su compañero, el también Estudiante teólogo José Oliva. A las siete de la mañana del día 31 de julio, unos pistoleros se presentaron en el apartamento para hacer el registro diciendo: “Este piso está lleno de curas”. Sin oponer resistencia, Adolfo se despidió de la dueña: “Usted, señora Ángela, ha sido para mí más que una madre, le estoy muy agradecido. Voy a morir, pero muero tranquilo porque seré mártir y voy al cielo”. Al mediodía de aquel día, detrás del Hospital de San Pablo, en Barcelona, inició el viaje hacia el cielo que había merecido.
30 Julio '36


De Ciudad Real a Madrid. Segunda expedición


Compañeros de Comunidad de nuestros hermanos Mártires de Fernáncaballero



E. Gregorio de la Iglesia, H. Ángel García Roa, P. Jacinto García Solas, P. Faustino Ferrero Bogallo, H. Félix Reca Mendilazo, H. Pedro Medina Hernández y H. José Miguel de Miguel

El día 30 de julio se realizó la segunda expedición de claretianos desde Ciudad Real hacia Madrid. La ocasión se la ofreció el Gobernador aprovechando la salida de un tren militar que llevaría hacia Madrid un contingente de números de la Guardia civil.
No deja de resultar extraña esta segunda expedición conociendo la noticia de los sucedido dos días antes en Fernancaballero. Sin embargo, la situación que vivían como prisioneros en su propia casa, iba colmando ya la medida de su resistencia moral y física. Era preferible la muerte a la vida amarga: “Valía la pena de lanzarse a la aventura de un nueva expedición, que si Dios quería resultase con suerte, les proporcionaría una mayor seguridad en el tráfago y populosidad de la capital de España”, nos dice el P. Dionisio Rivas en su libro Bética Mártir.
Salieron de Ciudad Real dieciséis claretianos. Llegaron a Madrid, sí, pero esa misma tarde siete de ellos ya habían entregado su alma a Dios. Imaginamos que el paso del tren por la estación de Fernancaballero tuvo que producir en todos ellos un sentimiento de tristeza resignada y una disposición de confianza en la Providencia divina. En la estación de Atocha, a aquellos que fueron apresados, se les hizo el interrogatorio de rigor. El P. Faustino Ferrero, al ser preguntado como responsable del grupo quién y qué era, respondió con entereza y serenidad: “Yo, para lo que ustedes quieran servir, soy sacerdote”. Confiemos en su protección.



giovedì 28 luglio 2011

29 Julio '36


P. Cándido Casals y Sunyer



El P. Cándido Casals era superior de la Comunidad de Gracia, en Barcelona . Dotado de grandes cualidades de orador, poseía también una gran bondad. El 29 de julio fue a visitar en una pensión a dos sobrinos suyos. Allí se encuentró con dos Padres y un Hno salesianos. Reconocidos como religiosos fueron obligados a subir a un camión. Sus cadáveres aparecieron al día siguiente en el Hospital Clínico con claras señales de haber sido torturados.



P. Jaime Mir Vime


El P. Jaime Mir Vime pertenecía a la Comunidad de Tarragona. Estaba dotado de dotes intelectuales excelentes, que completó con una afición destacada al estudio. Sucedió al P. Puigdessens como titular de la cátedra de "Cuestiones dificiles" o Tesis del Doctorado de la Universidad Pontificia de Tarragona. Junto al noble afán por la ciencia, el P. Mir alimentaba también un fervoroso anhelo misionero. El día 29 de julio, después de varios días de zozobra en casas que le acogieron con caridad cristiana, fue conducido en coche por unos milicianos en dirección a Montblanc. Hacia media tarde entraba su cadáver en el cementerio de Tarragona.

mercoledì 27 luglio 2011

28 Julio '36

Con la cruz

desde Zafra hasta Fernancaballero


Siervos de Dios Jesús Aníbal Gómez, Tomás Cordero

y   Compañeros

 
 
La atmósfera de violencia contra los moradores del Seminario Claretiano de Zafra comenzó apenas acabadas las elecciones de Febrero del año 1936. A finales de abril el Padre Provincial ordenó abandonar la casa y marchar a Ciudad Real. La nueva morada era un caserón desprovisto de todo y en medio de la ciudad; lugar propicio para sufrir sacrificios hasta entonces nunca probados.
Jesús Aníbal Gómez, colombiano, escribía así a los suyos: “No tenemos huerta, y para el baño nos las arreglamos de cualquier modo... De paseo no hemos salido ni una sola vez desde que llegamos: de hecho guardamos clausura estrictamente papal; así nos lo exigen las circunstancias. Por lo dicho, pueden ver que no estamos en Jauja y que algo tenemos que ofrecer al Señor”.
Se respiraba ambiente de martirio, y pronto se vieron sorprendidos por el asalto a la casa. El P. Superior escribirá más tarde: “Cuatro fueron los días de prisión para las catorce víctimas propiciatorias que fueron sacrificadas el día 28 y seis para los restantes. Decir lo que en estos días tuvimos que sufrir es cosa de todo punto imposible”. Las cosas fueron empeorando en aquella cárcel en que se había convertido la propia casa, hasta el punto de que “trajeron mujerzuelas y las veíamos con los bonetes y los ornamentos paseando y asomándose provocativamente a nuestras habitaciones... Todos estábamos preparados para la muerte, que la veíamos muy cerca... Se sufrían las vejaciones y las privaciones con resignación y mansedumbre y conmiseración para con los perseguidores”.
El P. Superior pudo lograr salvoconductos para ir todos a Madrid o adonde les conviniera. La primera expedición para Madrid, la de nuestros mártires, fue el día 28 de julio. A la estación de Ciudad Real fueron en varios coches acompañados por los milicianos. Al llegar se armó un gran alboroto y voces de: ¡A matarlos. Que son frailes. No les dejéis subir. Matadlos!
Las amenazas se cumplieron a 20 kms de la capital, en la Estación de Fernancaballero.
Un viajero del mismo tren cuenta así lo que vio:
“Ordenaron a los frailes que bajasen, que habían llegado a su sitio. Unos bajaron voluntariamente diciendo: Sea lo que Dios quiera, moriremos por Cristo y por España. Otros se resistían, pero con las culatas de los fusiles les obligaron a bajar... Empezaron las descargas y todos los frailes cayeron al suelo… Al incorporarse, algunos con las manos extendidas gritaban ¡Viva Cristo Rey!; volvieron a dispararles y cayeron”.
Entre el montón sangrante de los cadáveres Cándido Catalán quedó gravísimamente herido y moriría horas más tarde: “Presentaba aspecto de una resignación asombrosa, no profería queja alguna…”, dijo de él el médico que lo atendió en la Estación.
Es obligado poner de relieve que en medio de tanto dolor no faltaron ángeles del consuelo. El P. Federico Gutiérrez, en su librito Mártires Claretianos de Sigüenza y Fernancaballero, recoge la confidencia que Carmen Herrera, hija del Jefe de Estación, le hizo: Yo y la mujer del Factor, Maximiliana Santos, ayudamos a los médicos a curar al herido. Yo puse agua caliente para lavarle las heridas y la mujer del Factor facilitó una sábana para hacer vendas. En la Estación yo le di de beber...”  Bello gesto que recuerda el consuelo ofrecido a Jesús camino del Calvario.

martedì 26 luglio 2011

Sigüenza, 27 Julio '36


José Mª Ruiz Cano, cmf



La Iglesia de Guijosa, testigo de la entrega del P. José Mª
  
Sigüenza había sido un remanso de paz hasta que la situación se hizo extremadamente difícil el día 25 de julio, El P. José Mª reunió a sus seminaristas en la capilla, “sería la una de la tarde”, dice el cronista, para ponerles al tanto de la situación. -“Quiso animarnos, pero no pudo contener las lágrimas”. -“No pasa nada, pero para prevenir lo que pudiera pasar, he de comunicarles con profunda pena que el Colegio queda disuelto por algunos días... Irán saliendo en grupos hacia los pueblos inmediatos, puesto que todos se han ofrecido a darnos hospedaje…”
Presidiendo esta escena de tan difícil descripción se hallaba una hermosa imagen del Corazón de María con el Niño en brazos. Hacia ella dirigió el Padre su plegaria: “¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! Acordaos que soy todo vuestro, conservadme y defendedme como cosa y posesión vuestra”. Y luego, de rodillas y con los brazos en cruz tendidos hacia la Virgen, exclamó: “Si queréis, Madre, una víctima, aquí me tenéis; escogedme a mí, pero no permitáis que suceda nada a estos inocentes que no han hecho mal a nadie”.
Comenzó el éxodo del pequeño Seminario. El Siervo de Dios se puso al frente del grupo de los de menor edad y emprendió el camino de Guijosa, a unos 7 Kms de Sigüenza.
Entraron en Guijosa al anochecer y fueron recibidos con los brazos abiertos por el párroco y todo el vecindario. Alguien propuso al Padre que los niños estaban a salvo y para él era mejor huir y salvar la vida. La respuesta, repetida varias veces, fue siempre la misma: -“Aunque me cojan y me maten, no dejo a los niños”.
A Guijosa fueron a buscar al “Padre de los niños que habían huido de Sigüenza”. Durante una hora lo tuvieron retenido en un coche flanqueado por dos milicianas. Los seminaristas iban reuniéndose alrededor,... -“No temáis, no pasa nada. Muero contento”, decía el Padre a los muchachos.
En éstas, unos milicianos que venían de profanar la iglesia, traían de mala manera una imagen del Niño Jesús. Con desfachatez se lo arrojaron al P. José Mª, diciéndole: -“Toma, para que mueras bailando con él”. El Padre lo apretó amorosamente sobre su corazón. Pero el miliciano se lo arrebató bruscamente y lo arrojó contra el suelo.
El coche echó a andar… el Padre se despidió diciendo: -¡Adiós, hijos míos!, y los bendijo. La caravana se detuvo en el término del monte del Otero, a medio camino entre Guijosa y Sigüenza. Una voz ordenó al P. José Mª que bajara. El Padre entendió la orden, perdonó a sus enemigos y emprendió, peregrino del cielo, la subida al Otero.
Sonó una descarga de fusiles y el Siervo de Dios se desplomó en cruz. Era la una de la tarde del 27 de julio de 1936. Uno de los milicianos comentaría más tarde: “Como aquel fraile que estaba con estos chicos, que aún decía que nos perdonaba cuando le íbamos a matar”.
En la falda del Otero, en el lugar del martirio, está clavada una cruz para perpetua memoria.

lunedì 25 luglio 2011

26 Julio '36



CERVERA. Otro Seminario Mártir





¡También yo muero por Dios!

Los quince de Lérida
Grupo del P. Manuel Jové

A siete kilómetros de Cervera poseían los claretianos una finca llamada familiarmente Mas Claret, y alllí encontraron refugio provisional gran parte de los miembros de la Comunidad dispersa, hasta que al amanecer del día 24, los miembros del Comite Revolucionario de Cervera llegaron para incautarse de ella.
De allí salieron en la tarde del día 24 de julio catorce seminaristas jóvenes, al frente de los cuales iba el P. Manuel Jové, de 40 años de edad, latinista de prestigio internacional y fundador de la revista Palaestra Latina. Se dirigieron a Vallbona de les Monges, pueblo natal del P. Jové, en donde pensaban encontrar acogida segura.
Caminaban distanciados de dos en dos para pasar desapercibidos, pero fueron descubiertos y detenidos. El P. Jové se adelantó al grupo para conseguir pases del Comité del pueblo de Rocafort, pero allí les fueron a buscar los milicianos del Comité de Lérida el 25 por la noche y allí comenzó la última y más difícil subida de su calvario.
Lo primero de todo, un minucioso registro, que comenaba con un puñetazo, un empellón o un latigazo. De los bolsillos no salía más que el pañuelo, el imprescindible rosario, y... -¡qué buenos chicos!- algunos cilicios, instrumentos de penitencia. Risas, blasfemias, vulgaridades soeces.
Sobre el pecho del P. José, debajo de la camisa, pendía un crucifijo devoto.
-¿Qué es esto? -Mi Dios y Señor.
-¡Haz el favor de tirarlo al suelo! -¡No lo hago!
Se lo arrancan, y ellos mismos lo tiran con violencia:
-¡Písalo! -¡Eso, jamás! Prefiero morir. -Pues, ¡te lo tendrás que tragar!
Se lo aplican con la punta en la boca y lo hunden en ella de un terrible puñetazo, rompiéndole los tejidos de la cara.
La pasión culminó en el cementerio de Lérida, entre las dos y tres de la tarde del día 26 de julio. Bajaron los presos del camión. Uno de aquellos muchachos voló con el pensamiento al hogar querido:
-Si al menos se le pudiese hacer saber a mi madre.
-Has llegado tarde, muchacho. Bastante tiempo has tenido.
El P. Jové se dirigió a todos: -Nos matarán, pero morimos por Dios. ¡Viva Cristo Rey!
Ante el pelotón, el P. Jové, al ser puesto en fila el primero de todos, dijo: -“Yo muero por Dios”
Ante esta afirmación, tomada a broma por los milicianos, preguntaron a cada uno en particular:
-¿Y tú también mueres por Dios?     -¡También yo muero por Dios!

Eran quince: Manuel Jové, Onésimo Agorreta, Amado Amalrich, José Amargant, Pedro Caball, José Casademont, Teófilo Casajùs, Antonio Cerdá, Amadeo Costa, José Elcano, Luis Hortó, Senén López, Miguel Oscoz, Luis Plana y Vicente Vázquez.

En este mismo día 26, derramaron también su sangre por Cristo:
Barcelona: P. Gumersindo Valtierra Alonso
Lleida: Fco Xavier Surribas Dot y Estudiante Joan Costa Arnau (ambos de la Comunidad de La Selva del Camp)

domenica 24 luglio 2011

25 de julio '36


El Martirologio Claretiano nos recuerda en este día 25 de julio a un grupo numeroso de mártires que dieron gloria a Dios en lugares distintos.


Sabadell - P. Josep Reixach Reguer

Pertenecía el P. Josep Reixach a la Comunidad de Sabadell, de la que ocho de sus once miembros serían mártires, el primero de todos el P. Reixach, de 71 años. Acogido en casa de una familia, les advirtió: - Si vienen a buscarme, no quiero que nieguen que estoy aquí. ¡Seré mártir como los demás!
Le fueron a buscar a las tres de la mañana del día 25, y en media calle le dispararon a quemarropa dejándole aún con vida. Arrastrándose durante dos horas, llegó como pudo al hospital, casi moribundo y sin que nadie le reconociera. Le atendió una Hermana de la Caridad vestida de seglar. El Padre, receloso de todo, disimulaba, y a la Hermana, de la que pensaba que fuese una enfermera seglar, le dijo cariñoso: - Chica, qué bien lo hace usted. Ya la encomendaré a Dios en mis oraciones.
La paciencia inexplicable con que sufría los dolores y el rosario encontrado en el bolsillo hace sospechar a los cuidadores sobre la identidad del paciente, hasta que fue reconococido por una de las presentes: -¡Si es el Padre Reixach!
Llamados el Alcalde y el juez, éstos se presentan con un grupo de milicianos con los fusiles en alto. Al verlos, el Padre les dirige unas palabras de perdón: -Si sois vosotros quienes me habéis disparado los tiros, os perdono de corazón. Quiero morir como Jesús, que también perdonó a quienes le acababan de crucificar.
Se le trasladó después a la Clínica de Nuestra Sra de la Salud, y allí a otra Hna que le atendía vestida de enfermera le dijo: -¿Es usted Hermana o enfermera?... ¡Cuánto que me alegro, Hermana! Me voy al Cielo. Allí rogaré por usted.

Una vez más la debilidad humana se sobreponía a sí misma apoyada en la fortaleza de Dios. En el campo sembrado de violencia y sangre, el P. Reixach descubrió el tesoro de la fe, del amor y del perdón. Mientras la Causa de beatificación avanza a ritmo lento, el P. Josep Reixach Reguer, cmf, continúa diciéndonos: Ya os encomendaré a Dios en mis oraciones.

---------------------

Lérida - P. Miquel Baixeras Berenguer, P. Artur Tamarit Pinyol, P. Manuel Torres Nicolau, P. Pau Pujolar Vila (de la Comunidad de La Selva del Camp).
Montblanc - E.Vicenç Franch Lleopart (de la Comunidad de La Selva del Camp).
Sallent - H. Marià Binefa Alsinella, P. Juan Mercer Soler, H. Marcelino Mur Blanch, P. Jaume Payás Fargas
Barcelona - H. Joan Capdevila Costa y el donado Pere Palomas
Madrid - P. Antonio Marín López, superior de la Comunidad del Buen Suceso, estaba llamado a iniciar el grupo glorioso de sus trece mártires; H. Agapito García Pérez, Gerente de la editorial Coculsa en Madrid, de “religiosidad profunda, tierna y maciza”; H. Conrado Glez de Antonio, “benemérito por sus años y por sus fieles servicios”; P. Leocadio Lorenzo Ventosa, “auténtico apóstol de la prensa”. (Cfr. Mártires claretianos del santuario del Corazón de María, del P. Ernesto Barea)