venerdì 22 luglio 2011
giovedì 21 luglio 2011
22 Julio '36
La Selva del Camp
P. VICENTE GOMÁ GUIX
Al P. Vicente Gomá le recordarán en Játiva por haber dedicado la mayor parte de su vida al ministerio pastoral en el colegio e iglesia de los claretianos. Ese recuerdo es sumamente elogioso: “Las gentes piadosas que frecuentan nuestra iglesia y los exalumnos más antiguos, le recuerdan con cariño nostálgico... Aquel Padre alto y delgadito (era) incapaz de lastimar a nadie, pronto a la benevolencia y fácil al perdón...”
Sin embargo, en julio de 1936 se encontrará formando parte de la Comunidad de la Selva del Campo con el cargo de Vicesuperior. El día 21 de julio, en ausencia del Superior, el P. Gomá asumió las responsabilidades de su cargo dejando que los miembros de la Comunidad se dispersaran, reservando para sí el “salir de casa el último o siendo preciso, dar la cara al enemigo”. Su pretensión era refugiarse en la bóveda de la iglesia y preservar el Santísimo de la profanación. Aquella misma noche tuvieron lugar el asalto a la casa y el incendio de la iglesia. El P. Gomá fue encontrado muerto –al parecer asesinado- en una de las celdas de la Comunidad: estaba apoyado en la cama en actitud de orar, horrorosamente desfigurado, con señales evidentes de habérsele querido quemar. Junto a él, el Sto Cristo de Misiones con la madera de la cruz quemada.
martedì 19 luglio 2011
maestros en fidelidad
La primera Comunidad Claretiana en la lista del dolor y del perdón fue Jaén. El 19 de julio de 1936, en la casa del pueblo determinaron asaltar la casa de La Merced, la única de religiosos varones que existía en la capital. Al día siguiente, día 20, en torno a las dos de la tarde, con todo el castigo del sol en lo alto, una chusma invadió la huerta y asaltó el convento por la puerta principal. En la calle, tiros, pedradas a los cristales, amenazas de incencio... Ante tal situación no quedaba más remedio que provar la huída, cada cual a su manera. El P. Dionisio Rivas, en su libro Bética Mártir, narra los momentos del asalto a la casa y la vejación de los que en ella habitaban.
La suerte, mala suerte, estaba echada. Media hora después, en la huerta yacían cuatro cadáveres. El P. Rivas nos da sus nombres y un breve detalle de su vida: P. Jenaro Millán, persona de temperamento estable, de mucha oración y cualidades normales, que había sido escogido por Dios a sus 57 años para testimoniarlo con la entrega de su vida; P. Laureano de Frutos, de 59 años, hombre callado, cumplidor y buen religioso, que había llegado a Jaén buscando la seguridad que no le ofrecía Jerez de l os Caballeros; P. Santos Rodríguez, de 67 años de edad, persona sencilla y amable; H. Eduardo Gómez, de 72 años, era de perfil señero, adusto y voluminoso como las montañas cántabras que le sirvieron de cuna.
Los demás pudieron huir en un primer momento, pero pronto fueron detenidos. Comenzó para ellos un verdadero Viacrucis por las calles de Jaén, semejante en todo al del Maestro: insultos, petición de muerte, puñaladas, golpes con palos y fusiles,... Llevados al Hospital, el P. Fructuoso García Bañares, Superior de la Comunidad, no pudo superar la situación y falleció. Los restantes fueron encarcelados, juzgados y declarados libres o condenados a diversos tipos de trabajos hasta conseguir la libertad. Sus nombres son: Nicomedes Muñoz, Benjamín Carballo, Paz Porras, Jacinto Muñoz, Juan Bautista Alonso, Patricio Pérez. También ellos merecen la admiración de quienes sufrieron por Cristo.
El silencio sobre los hechos ocurridos en la huerta del convento fue total y no permitió iniciar la causa de beatificación de nuestros hermanos. No obstante, es fácil adivinar que todos ellos escucharon la voz del Señor: Venid, benditos de mi Padre.
Murieron amando y perdonando. También es otra fácil suposición. El P. Carvallo, que sobrevivió, habiendo tenido noticia de que uno de sus maltratadores había sido condenado a muerte por los tribunales militares, nos dice: “por mi mediación, elevando un escrito al Generalísimo Franco, se ha conseguido que lo indulten”.
En el martirologio de la Provincia claretiana de Bética, los claretianos que sufrieron en Jaén figurarán siempre bajo el título: Mártires por la fe, Maestros en fidelidad.
lunedì 18 luglio 2011
Cada hoja del calendario de la segunda mitad del mes de julio y de todo el mes de agosto viene cargada de emotivos recuerdos. Es la hora de la memoria de lo que sucedió hace 75 años, memoria de una historia escrita con gestos de perdón y de amor sobre el tapete oscuro de la España del ‘36.
Los Claretianos recordamos a los “hijos de la Congregación querida”, continuando así la piadosa e inmemorial costumbre en la Iglesia de recordar a sus mártires para gloria del Señor, admirable en sus santos, y honrar a sus siervos fieles.
Al tratarse de mártires cercanos a nosotros, se corre el riesgo de que los sentimientos se carguen del dolor de viejas heridas. Pero eso sería aplicar mala justicia a quienes derramaron su sangre con la sola intención de regar nuevos brotes de paz y de perdón en donde florezca el amor cristiano.
Con nuestro recuerdo pretendemos “cumplir un deber de justicia y gratitud, honrar a nuestros mártires y dar a conocer a toda la Iglesia el heroísmo y la fortaleza de quienes murieron por amor a Jesucristo y mostrar a los cristianos de hoy el testimonio martirial de su vida cristiana vivida hasta sus últimas consecuencias” (Mons. J.J. Asenjo en la apertura del proceso de canonización de los mártires de la persecución religiosa de 1936 en Córdoba (16/01/2010)
Tras las huellas de los mártires somos peregrinos con la ilusión de alcarzar el horizonte señalado a los bautizados en Cristo. No serán los mismos pasos los que tendremos que dar, pero sí la misma actitud de mirada alzada y pies ligeros.
Recordar al "blanco ejército de los mártires" (martyrum candidatus exercitus, dice la liturgia) alejará de nuestro corazón el aguijón de miedo y tristeza que provoca la muerte, y nos infundirá nuevo entusiasmo para vivir abrazados a Cristo, que supo de dolor por haber amado, y conoció la muerte porque deseaba la vida sin ocaso.
Al recuerdo de estos mártires, testigos de esperanza, de amor y de paz, por amor a Cristo, es obligado asociar la memoria de cuantos hoy, en nuestros días de 2011, son perseguidos y sufren de diversos modos por testimoniar y servir al Evangelio. Con su comportamiento fiel escriben amor sobre dolor y perdón sobre odio.
A María, reina de los mártires, vaya nuestra plegaria de intercesión: ¡Mira a tus hijos necesitados, líbralos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita!
sabato 20 novembre 2010

El P. Andrés Solá Molist nació en el municipio de Taradell, cerca de Vic (Barcelona), el 7 de Octubre de 1895. Ingresó en la Congregación de Misioneros Claretianos y fue ordenado sacerdote el 23 de septiembre de 1922.
La obediencia lo envió a México, a quien amó como su nueva patria y a los mexicanos su pueblo. Se inició como profesor en el Seminario claretiano de Toluca compartiendo la actuvidad docente con la predicacion popular. Durante la navidad de 1924 se incorporó a la Comunidad de León (Guanajuato), donde pudo dedicarse con más holgura a la predicación a pesar del veto del gobierno mexicano a todo ejercicio pastoral, sobre todo al clero extranjero. Eran tiempos de la Revolución Mexicana.
La persecucion religiosa se recrudecio cerrando templos y persiguiendo a sacerdotes y religiosos. El P. Andres Solá se mantuvo feel a su vocación, continuando el ejercicio de su ministerio. Una fotografia de estudio, recuerdo de una Primera Comunión le delató como sacerdote. Fue acusado juntamente con el sacerdote Trinidad Rangel y el seglar Leonardo Pérez, en una especie de farsa de juicio, de haber participado en el ataque que, la noche del 23 al 24 de abril, hizo descarrilar el tren que se dirigía de México a Ciudad Juárez. El P. Solá dijo con toda entereza: "Que me sea lícito manifestar que no tengo otro crimen, que yo conozca, que el de haber cumplido con mi deber como misionero que soy"..
Lo cierto es que el presbítero Trinidad Rangel y el claretiano P. Andrés Solá fueron detenidos por ser sacerdotes y el seglar Leonardo Pérez por haber creído los soldados que también lo era. Conducidos al lugar en donde se había producido el descarrilamiento del tren, allí mismo, a unos 60 metros de la vía, murieron fusilados a las 8:45 de la mañana del 25 de abril de 1927.
P. Solá sobrevivió tres horas durante las cuales repetía con frecuencia estas palabras: “Jesús mío, Jesús mío, por ti muero”. Y a una de las personas que se acercaron a él durante la agonía, le suplicó: “No se olvide de hacer llegar a mi madre por el medio que pueda que he muerto; pero dígale también que tiene un hijo mártir”

Los tres, Andrés Solá, Trinidad Rangel y Leonardo Pérez, son conocidos como los "Mártires de San Joaquin", por el nombre del rancho en el que fueron fusilados. El 20 de noviembre de 2005, en una celebracion presidida por el Cardenal Jose Saraiva Martins, claretiano, fueron proclamados Beatos en Guadalajara (Mexico).
giovedì 14 ottobre 2010
P. Rafael Mª Serra, cmf, Postulador, saludando al Santo Padre
"Con Nuestra Autoridad Apostólica concedemos que los Venerables Siervos de Dios Felipe de Jesús Munárriz y 50 Compañeros sean llamados de ahora en adelante Beatos y se pueda celebrar su memoria en los lugares establecidos según las normas del derecho, cada año, en el día de su nacimiento al cielo."
domenica 10 ottobre 2010
Para una completa información sobre nuestros Mártires de Barbastro, los lectores de este blog están invitados a visitar la página Web que les dedica la Provincia Claretiana de Santiago:
http//www.martiresdebarbastro.org/
El nuevo himno Testigos de la Iglesia se puede encontrar sobre la misma página
Nos alegra también recordar que el día 25 se cumple el
18º aniversario de la Beatificación.
Día de memoria y de alegría para todos.
mercoledì 6 ottobre 2010
a los Mártires de Barbastro
A continuación ofrecemos copia de la letra del Himno, y esperamos que a no tardar podremos indicarles cómo acceder a la música.



